Pensé en muchos verbos para el título de este escrito: “exploré”, “sometí”, “rompí”, “moví”, “activé”, “sentí”. Ninguno me terminó de convencer más que este, aunque suene tan duro. Vulneré.
Vulneré como quien dice, desobedecí. Desobedecí mi creatividad en un bootcamp creativo. Y vos, que estás leyendo esto, capaz no sabes que la estoy desobedeciendo ahora mismo. Que el que leas este artículo es evidencia de esa vulneración.
Los dos significados de este verbo que encontré, fueron: transgredir, quebrantar, violar una ley o precepto; y, dañar, perjudicar.
“Dañé mi creatividad en un bootcamp creativo” es una declaración fuertísima, pero no encuentro otra descripción más alineada a mis sentimientos.
No la exploré, sometí, rompí, moví, activé, sentí, traicioné, negué, ignoré.
La vulneré. Quebranté y dañé mi creatividad, y me transformé. Pero yo me transformé. Yo primero, y después ella, como debe ser. Fue un montón y todo en cinco días.
Este substack no es un recap del bootcamp de @cáscara, pero un poco sí. Un poco no porque es imposible hacer un recap de algo que nace en momentos, un poco sí porque este escrito nace de un lugar muy muy sincero de mi expresión, cuyo transformativo reencuentro se lo debo a ellos.
Dañé mi creatividad, y pasó esto.
Soy la tumba de mis ideas
Ayer fue el último día oficial del bootcamp. No me pasó que terminé super super motivada y de energía para arriba (tampoco sus opuestos, ojo), pero sí siento que ya venía marinando algo dentro. No una frustración o una angustia y nada del plano doliente-consciente, creo.
Terminó, me fui a correr, volví, cerré unas entregas, se fue terminando el día; se terminó el día. Dos o tres de la mañana, ahí, entré a Tiktok y me lancé a hacer una limpieza de todos mis guardados y likes. Limpiezas digitales de las que acostumbro,… o eso pensé.
Mariné esto, por 5 días: no es la curaduría, no es el consumo, no es la búsqueda de mi sentido creativo (como escribí en mi artículo anterior, regresar a tumblr para sentirlo todo): mi problema con mi creatividad fue siempre mi creatividad misma. Fue la manera en que la pensé, eduqué, antes de encararla con este bootcamp.
La dañé al tratarla como algo que no es, por años. La prueba estuvo en esos más de mil videos guardados en Tiktok; carpetas y carpetas con todas mis no vidas:
Quise ser manicurista, UX, data analyst, modista, bailarina, diseñadora, vlogger. Y no en un sentido de multipasionaridad o inspiración: mis guardados eran tutoriales que nunca llevé a cabo.
Imaginate guardar 50 Tiktoks en una carpeta llamada “movement”, llena de videos con ejercicios de flexibilidad, y apenas ir a caminar al final del día.
Más allá de inspirarte con x contenido y por ende querer guardarlo, esta es una contradicción muy triste e hiriente para la cabeza. Guardar tantas vidas que no llevás a cabo, guardar no inspiraciones, sino tutoriales que quedan ahí, en la ilusión de convertirte en eso que mirás solo mirándolo, ni accionando, y a veces ni mirándolo por más de 3 segs.
Ya el crear no era, en mí, un problema de disciplina o procrastinación (como la pensé): era un problema existencial, de valoración de esa existencia creativa.
Yo era eso, para mi creatividad: la tumba de mis ideas. Y mi creatividad era una cosa pasiva, totalmente pasiva, como una canasta de consumo de contenido (inspiración) y realidades (tutoriales), que lo único que hacía era acumular, o llamar a otra canasta.
Eso, no sé cómo, me lo enseñó a ver Cáscara.
ser creativo, es…
esto.
No esto que estás leyendo, pero el poder leer esto, porque significa que lo publiqué. Lo publiqué no buscando las mil y una referencias, las expresiones perfectas, una cabeza totalmente bajada a tierra.
Todas esas cosas, un poco, atentan contra mi creatividad, si me pongo a pensarlo y sentirlo. Al menos en este formato. No, ni eso, al menos en este artículo. Acá, en este párrafo, en esta oración.
Esta va a ser una creación que se puede declarar imperfecta, desnuda.
Darme el espacio a ser creativa de esta manera, sé que va a traer espacios donde mi creatividad pueda expandirse más, en futuros proyectos, contenidos, escritos, étc.
La misma energía con que Cáscara terminó obligándome a encarar mi inacción creativa, va a ser la que le enseñe a transformarse en una fuerza amplificadora.
Quería cerrar este ¿recap? o experiencia, o expresión de la experiencia, con un día del bootcamp que me tocó muchísimo el corazón. Todos los días fueron preciosos porque las personas detrás de Cáscara son preciosamente humanas, pero en el día 3, tuvimos un invitado al que deseo que toda persona en sintonía o perdida con su creatividad, pueda conocer o escuchar al menos una vez: @soyshan <3
Una energía preciosa.
Qué placer haberlo tenido de mentor creativo, al menos durante una horita.
Les voy a compartir un único textual, que es el que llevo como post-it en mi pared desde ese día:
Ser auténtico realmente como a nivel de proceso de confiar en lo que estás haciendo, tener un solo propósito y centrarte en un solo proyecto, va a ser que seas único.
Y les recomiendo dos podcast para que conozcan a Shan:
¿Qué significa hoy ser un profesional creativo? | Podcast @pielstudio con Jua, de Cáscara,
y: Qué hace diferentes a las marcas creativas | con Shan de Piel Studio y Gawa de Unitivo/Bolivia
Nada cambia si nada cambia
Se termina un mes donde me sentí muy perdida en cuanto a lo identitario e intencional, quizás porque también se va terminando el año y en mi cabeza resuena el nada cambia si nada cambia mientras poco cambia en mi día a día, pero esta experiencia con Cáscara me lleva a un…
Che, qué lindo es aprender. Che qué lindo es escuchar de, y con otros. Qué mágica es la acción y el poder hablar con vos misma todos los días, a través de ella. Qué mágicas las redes, también, que pueden potenciar eso, todas las conversaciones con una misma y con los demás.
En lo que queda del año, deseo e intenciono pasar de ser la tumba de mis ideas, a tener más conversaciones <3 gracias @cáscara y gracias a vos por leerme de nuevo, nos vemos prontito.






